viernes, 15 de marzo de 2013

Capítulo 3.La gorda, el príncipe y el inodoro.


Capítulo 3. La gorda, el príncipe y el inodoro.
Es admirable como después de pasar toda la noche llorando una se levanta sonriendo, como si nada. Me tomo un zumo de naranja, mi única comida del día, a no ser que vuelva a la actitud de vaca tragona de ayer… me levanto a duras penas y sin ganas y salgo a correr con mi perro al parque aprovechando el sol, mientras mi perro juega con otros, si, hasta él tiene más amigos que yo, yo doy vueltas al parque hasta estar totalmente rendida. Me siento a leer un rato para desconectar de toda la gente que me está mirando, que mira como mi grasa se mueve como una gelatina mientras corro. Me siento a la sombra de un árbol mientras leo ‘Canciones para Paula’ cuando de repente noto que alguien me está mirando desde hace un rato.
-pssst…- Suena desde detrás del árbol.
- ¿Quien ha hecho eso?-  grito asustada.
-Eh, tranquila no me como a las chicas guapas, si no es a besos.-
-Ah eres tú Raúl, ¿tú te piensas que con cuatro palabras bonitas me vas a convencer de que me quieres?
-No, y por eso me gustas, eres diferente.- le miro incrédula.
-Te gusta reírte de mí, eso es todo. Ahora déjame leer.- y vuelvo la vista al libro de nuevo.
-Saca la cabeza de los libros para mirarme un poco… si me observaras un poco más te darías cuenta de cómo me brillan los ojos al verte.- me dice mientras me mueve la cara hacia el.
Me quedo mirándole los ojos un rato, grises, son preciosos.
-Son muy bonitos, grises claros, no como los míos, marrones mediocres. Bueno, está claro soy la mediocridad en persona o menos que eso.- no tengo ni idea de por qué le estoy contando esto.
-Pero que dices… eres preciosa, además tus ojos son marrones brillantes y grandes, son muy bonitos. Nada de mediocres.- por un momento siento como si hablase con el todos los días… pero eso es imposible, solo me está tomando el pelo.
-Bueno lo que tú digas, ¿Tus amigos van a venir pronto para que podáis reíros un ratito?, lo digo porque tengo prisa. Cuanto antes acabemos mejor.
-No tengas prisa, si tienes que ir a casa a comer yo invito, podemos comer en el bar de mi madre, se llama La Condesa ¿lo conoces?- comer, no me gusta cómo suena eso…
-No, mejor como en casa…
-Bueno vale te acompaño.
-No hace falta, en serio.
-Que sí, quiero de verdad, te lo debo, básicamente gracias a ti mi padre gana dinero en la farmacia. A todo esto ¿Por qué tantos laxantes, vitaminas, té verde, y pastillas para el control del apetito?- mierda…
-Los laxantes son para mi madre siempre ha tenido problemas de… bueno ya sabes. Las vitaminas son para mí tengo anemia… la heredé de mi madre. El té verde me gusta y las pastillas son para mi padre… ¿Algo más señor agente?- reímos juntos por primera vez, hasta que recuerdo que solo lo hace por tomarme el pelo…
-Entonces te acompaño, no se hable más.
-Vale, pero vivo aquí mismo… ya casi estamos. Vamos Noah.
-Bueno no importa, ¿por qué corres? Estás bien…
-¿Tienes complejo de policía verdad?
-Solo quiero saber más de ti…
-¿Para qué?, ¿Para publicar mis trapos sucios en clase y reírte de mí?
-Yo me metía contigo cuando éramos pequeños, era en broma…
-Seguro… bueno hemos llegado.- toco al timbre y para mi sorpresa no hay nadie en casa…
-No hay nadie... no pasa nada vamos al bar de mi madre a comer.
-No… puedo esperar además no creo que le haga gracia que entre con el perro…
-Le da igual, hay mesas fuera.
-Hace frío.
-Te dejo mi abrigo.
-Vas a tener frío tú…
-No lo llevo puesto.
-Soy alérgica al algodón.
-No importa es de lana. ¿Te has quedado ya sin excusas?
-Sí.
-Pues no se hable más. Te vienes a comer.
-¿Es necesario?
-Totalmente- me toca vomitar creo…
Hemos comido rabas, pinchos de tortilla y helado, en estos momentos me doy un asco inimaginable y tengo unas ganas de llorar que no puedo contener más. Busco dentro de la bolsa de deporte que todavía llevo unos pañuelos para disimularlo un poco y encuentro las llaves de casa, con una rabia enorme por que podría haber evitado todo esto.
-Tengo que irme…- y sin decir nada más cojo al perro y me voy corriendo y con las lágrimas en la cara. Llego a mi casa y sin pensarlo dos veces corro al baño, directa me recojo el pelo y meto el cepillo de dientes dentro de mi garganta, con los dedos nunca me salió, son demasiado cortos, cortos y gordos como los jamones que tengo por piernas. Vomito toda la mierda que he comido, que me hace daño cuando de repente miro hacia la puerta y veo a alguien observándome, pero no es mi perro, es mi hermano.

jueves, 14 de marzo de 2013

ANNIE.CAPÍTULO 2. ÉL.


Capítulo 2. ÉL.Llego a casa después de estar con mis amigos y la misma mierda de siempre, no sé cuántos comentarios en el Tuenti, en el twitter me la sudan esos falsos de mierda… Ya estoy harto.-Mamá, hoy ceno fuera, con unos amigos.-Vale hijo, acuérdate que a las ocho tienes que ir a la farmacia a ayudar a tu padre.- Sí mamá tranquila.Cojo el tabaco y salgo de casa, con un bocadillo para cenar, sentado en mi banco de siempre, suelo ir a ese parque a verla pasear con el perro pero hoy no la veo, no ha venido… Ella es diferente, tan independiente de los demás, tan guapa, tan especial…Ella no sabe que la observo, siempre intento ir a verla. No sabe que yo soy el que habla con ella por teléfono diciendo que tengo problemas y que he marcado un número al azar, me encanta esa chica, esas conversaciones son lo único que me saca de ésta mierda.Me fumo el cuarto del día mientras escucho Swan Fyahbwoy con los cascos y voy yendo hacia la farmacia. Al llegar, mi padre me recibe con un: “Hijo atiende a la gente que voy un momento a la otra calle, si no sabes algo pregúntale a Elena”. Yupi, la ilusión de mi vida atender clientes en una farmacia, y por si fuera poco tengo que preguntarle a la ayudanta de mi padre porque él piensa que soy idiota. Cree que no soy capaz de nada. En ese momento suena mi móvil.-Elena atiende un momento que me llaman.-Claro Iván… imbécil.-¿Qué has dicho? Bueno da igual.- le digo con voz de burla.- ¿Dígame?-Nano, ¿Te apuntas a lo del viernes verdad?-Ah Sergio eres tu… si claro cómo no, yo me apunto a todas ya lo sabes, venga que estoy ayudando a mi viejo.-Va a ser la pedazo de fiesta, una al año, vodka, tías y música.-Bien pues nos vemos nano.- cuelgo al verla, es ella…-Vitaminas, laxantes y Té verde por favor.

-Aquí lo tienes. Gracias por venir. Son cinco euros y una tarde contigo.-Adiós.-¿Siempre eres tan sosa?- mierda porque he dicho eso…-¿Y tú siempre vas diciéndoles a las chicas que las quieres para reírte de ellas?-No, yo te quiero de verdad…- le digo mientras la veo salir por la puerta, en el mismo momento en el que mi padre llega y me dice que ya me puedo ir.Mis padres me toman por inútil, la chica a la que quiero me odia, mis amigos son unos falsos, no tengo amigos, estoy solo en un mundo que se me queda grande, con 16 años. Llego a casa y me pongo el pijama, saludo a mi madre de forma seca y me tumbo a pensar, con el móvil en la mano pensando en si llamarla… Al final decido hacerlo.-Annie…-Hola, todavía no sé cómo llamarte.-Amigo.-¿Por qué no me dices tu nombre?        
-¿Qué tal tu día amigo?-Bueno bastante malo la verdad, la chica de mis sueños me ha rechazado, no directamente pero me jode… lo demás es lo de siempre… ya sabes.-A mí el chico de la farmacia me ha vuelto a tomar el pelo… siempre diciendo que me quiere, a saber cuánto se han reído él y sus amigos a mi costa.-¿No has pensado que puede ser verdad?-No, imposible, es el chico más popular y guapo del colegio. Somos muy diferentes es imposible.-A veces la vida te sorprende, puede ser muy contradictoria, además los opuestos se atraen.-Pero en su caso es diferente, además estoy muy ocupada con… mis cosas.-¿Qué cosas?-No te lo voy a decir hasta no saber quién eres, ya te lo dije.-Bueno Annie, me voy…-Adiós amigo.-Es tan perfecta… encima sabe escuchar… Noto como se me van cerrando los ojos, ojalá sueñe con ella…

ANNIE, CAPÍTULO 1


Capítulo 1. ELLA.
-Annie- susurraba de nuevo ella con esa voz que me gusta y me intimida al mismo tiempo, mi mejor amiga, mi única verdadera amiga, a mis quince años me he dado cuenta de lo falsa que llega a ser la gente y que en realidad estoy sola en este mundo, las patadas que me han dado las personas en las que he confiado me han llevado a ver que apenas nadie merece la pena, pero es lo que suele pasar cuando lo quieres todo, en realidad no tienes nada.
-Annie no lo hagas, es por tu bien- de nuevo ella, Ana es la única que se preocupa por mí. –Acabarás llorando, como siempre…
Entonces cerré la nevera y dije: “Tienes razón”
Paso por delante del espejo y una vez más me doy cuenta del asco que doy, estos brazos carnosos, una tripa grasienta y unas piernas, a las que suelo llamar jamones, horribles. Además de una cara horrible y deforme. ¿Mi pecho? Bueno no está mal… es grande, pero es todo grasa lo sé. Resumiendo, llego a la conclusión de siempre, doy asco.
Enciendo la Wii, son las 9:30 de un lunes en el que no hay clase por carnavales, tenemos libre toda la semana, pongo el Wii Fit y me peso, 49 kilos, 49 horribles y asquerosos kilogramos de los que nunca me voy a deshacer.
-¡Noah!- grito, Noah ven bonito, vamos a pasear.- Noah es mi perrito, tiene seis meses y lo amo, creo que es mi otro mejor amigo, tan cariñoso, me quiere y también se preocupa por mí. No tarda en venir dando saltitos y ladrando, le pongo la correa y salimos a correr al parque de siempre, el parque de los patos. Corro y la gente me mira, se fijan en como mi grasa se mueve de arriba abajo y para los lados, sé que soy como una gelatina andante. Paso por al lado de una cuadrilla de chicos y chicas que están fumando, y ríen, no me miran pero se ríen, de mis jamones, de cómo corro y mis intentos desesperados por quitarme toda esa grasa. Intento olvidarlo y sigo corriendo, cuando esté delgada yo me reiré de ellos. Paso por delante de un quiosco y veo todas las portadas de esas revistas, llenas de chicas perfectas y delgadas. Paso por una pastelería están haciendo el pan ahora mismo, ese olor me da un hambre terrible, y vuelvo a escuchar la voz de mi mejor amiga diciendo: “No”. En mi I-Pod rosa suena “Mañana empieza hoy” de Mago de Oz, “Nunca es tarde, nunca te rindas deshazte del miedo, mañana empieza hoy” eso me anima a seguir corriendo a pesar del cansancio y el hambre. Ya voy la hora diaria y vuelvo a casa, son las 10:30. Voy a la cocina y abro la nevera, sin mirar lo que hay dentro vuelvo a cerrarla, el rugido de mi estómago me demuestra que lo estoy consiguiendo. Y sonrío. Aunque la sonrisa se me borra cuando vuelvo a pasar por delante del espejo. En ese momento suena el teléfono de casa:
-¿Diga?
-Hija soy yo, papá y yo tenemos que ir a un sitio hoy y no llegaremos hasta la una y media de la madrugada más o menos, tu hermano está en casa de un amigo y se queda a dormir, tienes pollo y patatas fritas en la nevera y unas natillas de chocolate para el postre. Adiós cariño.
-Vale mama, un beso.- cuelgo.
De momento no tengo mucha hambre, espero que siga así mucho tiempo más. Toda la vida por lo menos, soñar es gratis, de momento. Empiezo a hacer abdominales y saltadillas. Pongo el Just Dance 4 en la Wii y hago ejercicio hasta casi desmayarme. Al fin me tumbo en la cama son las 13:30, entonces recuerdo las palabras de mi madre. “Tienes pollo con patatas y unas natillas de chocolate en la nevera.” Mierda, mal momento para acordarme de eso… abro la nevera y está vez si miro lo que hay dentro… veo el pollo, las patatas y las natillas, pero me resisto, intento no pensar en ello, sin embargo cuanto más lo intento más se me viene a la cabeza esa comida.
-Probaré un poquito de pollo y lo dejo…- digo en alto, ¿Para quién? No lo sé. Suelo hablar sola cuando no hay nadie. Y así lo hago pruevo un poco de pollo,detrás de otro poco… y después las patatas, hasta acabar con todo, incluso las natillas, y me siento como una mierda… Empiezo a sumar calorías y lloro, me acerco al inodoro y ya no escucho su voz, ya no consigo escuchar la voz de mi mejor amiga Ana, porque Mía, mi amiga de repuesto grita más que ella ahora mismo. –Hazlo pedazo de tragona. Expulsa todo lo que te hace daño.- y así lo hago, cojo el cepillo de dientes lo meto hasta la garganta y entre arcadas y lágrimas por el esfuerzo vomito, vomito hasta que no queda nada más que vomitar, y aun así, no me siento satisfecha. Lloro mientras me digo a mi misma: “Eres una inútil”. Y en una esquina frágil y rota lloro desconsolada y sola mientras recuerdo como empezó todo…
Realmente no recuerdo como fue, me acuerdo de cuando era muy pequeña, yo era una bola de sebo, además de bajita, era gordísima y a mi madre le traía de cabeza, pero yo no era capaz de ver mi gordura, dulce inocencia, yo era pequeña. Con 8 años recuerdo que siempre estaba comiendo, y la gente se metía conmigo pero yo no asimilaba el porqué, tenía “amigas” por que como ya he dicho nunca tuve amigas de verdad, eran las hijas de las amigas de mi madre, y mis compañeras de clase, nada más. Siempre que podían me ignoraban y me dejaban de lado. Las cosas no son diferentes ahora la verdad, al menos no del todo. Con el tiempo, al crecer me empecé a dar cuenta, cambié de amigos, tenía pocos y solo en clase, uno me gustaba… pero no se lo quería decir, tres de mis compañeros de clase se metían conmigo porque estaba gorda y no tardé en darme cuenta. Un verano, totalmente alejada de todas esas personas que me hacían daño, sin embargo mi madre persistía en que no comiera. Mi mejor amigo, el chico que me gustaba, nunca me quiso, le había pedido salir ya un par de veces, como tonta que soy, pero lo único que conseguía era que nos alejáramos más, además a él le gustaba una chica, delgada, guapa… lo que estaba claro es que esa no era yo. Ese verano empecé a hacer ejercicio todos los días: iba a la piscina, jugaba al tenis… y apenas comía nada, fruta y solo de vez en cuando, pero yo no me daba cuenta, realmente lo estaba haciendo sin querer. Al terminar ese verano notaba que la gente era más agradable conmigo, los chicos me miraban más… me sentía más guapa, yo veía mi reflejo y estaba perfecta y delgada. Sin embargo mi madre seguía diciéndome frases como “hija, no comas tanto, ¿Quieres volver a ponerte tan gorda como antes?” obviamente no, no quería medía 1.45 y pesaba 40 kilos, me encantaba como estaba. Así que dejé de comer dulces, solo comía lo justo. Pero el colegio volvió a empezar y con ello mis queridos compañeros, sí, los que me llamaban gorda. Ellos seguían con lo mismo y yo tenía la palabra gorda clavada en mi mente, la oía por todas partes. Yo ya estaba harta, harta de agradar a todos menos a mí, así que volví a comer en exceso, por suerte no engorde demasiado, mi madre siempre estaba ahí prohibiéndomelo, pero puede que a mí me pareciera  demasiado…