Capítulo 3. La gorda, el
príncipe y el inodoro.
Es admirable como después de pasar toda la noche
llorando una se levanta sonriendo, como si nada. Me tomo un zumo de naranja, mi
única comida del día, a no ser que vuelva a la actitud de vaca tragona de ayer…
me levanto a duras penas y sin ganas y salgo a correr con mi perro al parque
aprovechando el sol, mientras mi perro juega con otros, si, hasta él tiene más
amigos que yo, yo doy vueltas al parque hasta estar totalmente rendida. Me
siento a leer un rato para desconectar de toda la gente que me está mirando,
que mira como mi grasa se mueve como una gelatina mientras corro. Me siento a
la sombra de un árbol mientras leo ‘Canciones para Paula’ cuando de repente
noto que alguien me está mirando desde hace un rato.
-pssst…- Suena desde detrás del árbol.
- ¿Quien ha hecho eso?- grito asustada.
-Eh, tranquila no me como a las chicas guapas, si no
es a besos.-
-Ah eres tú Raúl, ¿tú te piensas que con cuatro
palabras bonitas me vas a convencer de que me quieres?
-No, y por eso me gustas, eres diferente.- le miro
incrédula.
-Te gusta reírte de mí, eso es todo. Ahora déjame
leer.- y vuelvo la vista al libro de nuevo.
-Saca la cabeza de los libros para mirarme un poco…
si me observaras un poco más te darías cuenta de cómo me brillan los ojos al
verte.- me dice mientras me mueve la cara hacia el.
Me quedo mirándole los ojos un rato, grises, son
preciosos.
-Son muy bonitos, grises claros, no como los míos,
marrones mediocres. Bueno, está claro soy la mediocridad en persona o menos que
eso.- no tengo ni idea de por qué le estoy contando esto.
-Pero que dices… eres preciosa, además tus ojos son
marrones brillantes y grandes, son muy bonitos. Nada de mediocres.- por un
momento siento como si hablase con el todos los días… pero eso es imposible,
solo me está tomando el pelo.
-Bueno lo que tú digas, ¿Tus amigos van a venir
pronto para que podáis reíros un ratito?, lo digo porque tengo prisa. Cuanto
antes acabemos mejor.
-No tengas prisa, si tienes que ir a casa a comer yo
invito, podemos comer en el bar de mi madre, se llama La Condesa ¿lo conoces?-
comer, no me gusta cómo suena eso…
-No, mejor como en casa…
-Bueno vale te acompaño.
-No hace falta, en serio.
-Que sí, quiero de verdad, te lo debo, básicamente
gracias a ti mi padre gana dinero en la farmacia. A todo esto ¿Por qué tantos
laxantes, vitaminas, té verde, y pastillas para el control del apetito?-
mierda…
-Los laxantes son para mi madre siempre ha tenido
problemas de… bueno ya sabes. Las vitaminas son para mí tengo anemia… la heredé
de mi madre. El té verde me gusta y las pastillas son para mi padre… ¿Algo más
señor agente?- reímos juntos por primera vez, hasta que recuerdo que solo lo
hace por tomarme el pelo…
-Entonces te acompaño, no se hable más.
-Vale, pero vivo aquí mismo… ya casi estamos. Vamos
Noah.
-Bueno no importa, ¿por qué corres? Estás bien…
-¿Tienes complejo de policía verdad?
-Solo quiero saber más de ti…
-¿Para qué?, ¿Para publicar mis trapos sucios en
clase y reírte de mí?
-Yo me metía contigo cuando éramos pequeños, era en
broma…
-Seguro… bueno hemos llegado.- toco al timbre y para
mi sorpresa no hay nadie en casa…
-No hay nadie... no pasa nada vamos al bar de mi
madre a comer.
-No… puedo esperar además no creo que le haga gracia
que entre con el perro…
-Le da igual, hay mesas fuera.
-Hace frío.
-Te dejo mi abrigo.
-Vas a tener frío tú…
-No lo llevo puesto.
-Soy alérgica al algodón.
-No importa es de lana. ¿Te has quedado ya sin
excusas?
-Sí.
-Pues no se hable más. Te vienes a comer.
-¿Es necesario?
-Totalmente- me toca vomitar creo…
Hemos comido rabas, pinchos de tortilla y helado, en
estos momentos me doy un asco inimaginable y tengo unas ganas de llorar que no
puedo contener más. Busco dentro de la bolsa de deporte que todavía llevo unos
pañuelos para disimularlo un poco y encuentro las llaves de casa, con una rabia
enorme por que podría haber evitado todo esto.
-Tengo que irme…- y sin decir nada más cojo al perro
y me voy corriendo y con las lágrimas en la cara. Llego a mi casa y sin
pensarlo dos veces corro al baño, directa me recojo el pelo y meto el cepillo
de dientes dentro de mi garganta, con los dedos nunca me salió, son demasiado
cortos, cortos y gordos como los jamones que tengo por piernas. Vomito toda la
mierda que he comido, que me hace daño cuando de repente miro hacia la puerta y
veo a alguien observándome, pero no es mi perro, es mi hermano.
No hay comentarios:
Publicar un comentario